Cuánto sabes de puzles_Humanidades aplicadas

¿Cuál es la historia de los puzles? Son un pasatiempo conocidísimo, con versiones para todos los públicos, y están emparentados con otros rompecabezas muy conocidos, como el Tangram o el Cubo de Rubik. Pero, ¿cómo y para qué se idearon los primeros?

Se cuenta que en la década de 1760 el ebanista y cartógrafo británico John Spilsbury trazó uno de sus mapas sobre una tabla de madera y lo recortó, con una sierra de marquetería, siguiendo las fronteras de los países.

Llamó «mapas diseccionados» a estos primeros rompecabezas, que utilizaba para enseñar geografía a los niños. Se cree que hasta 1820 los puzles se usaron exclusivamente como herramienta didáctica: con ellos se aprendía en un primer momento el mundo, los continentes, Inglaterra y Gales, Irlanda y Escocia. En poco tiempo, la temática empezó a diversificarse y los rompecabezas empezaron a utilizarse para enseñar también tablas matemáticas, genealogías o escenas de la Biblia.

Aquellos primeros jigsaw puzzles estaban cortados a mano y las piezas se acoplaban unas a otras de forma sutil, no se ensamblaban como lo hacen hoy en día. Su elaboración artesana encarecía enormemente su coste. Por aquel entonces, solo las clases adineradas podían permitírselos.

A finales del siglo XIX la compañía juguetera estadounidense Milton Bradley Company (la popular MB, que sería absorbida en 1984 por Hasbro) comenzó a fabricar rompecabezas dirigidos a un público adulto, con un número superior de piezas y mayor complejidad. Surgieron así los puzles artísticos, que pronto se convirtieron en un pasatiempo de valor y prestigio.

En las primeras décadas del siglo XX MB comenzó la fabricación en serie e innovó la producción introduciendo una característica verdaderamente útil: los pomos con los que las piezas se ensamblan entre sí, consiguiendo de ese modo que el puzle no se desmontase con tanta facilidad. La madera empezó a sustituirse, en muchos casos, por cartón, simplificando y abaratando su fabricación.

Una publicación en The New Yorker el 18 de febrero de 1933 nos ayuda a hacernos una idea de la popularidad que, ya en esas fechas, estaban adquiriendo estos pasatiempos en Estados Unidos: la empresa Eison Freeman, en Long Island, producía hasta 3 millones de puzles de cartón a la semana, algunos de ellos con propósitos publicitarios.

Desde entonces ha continuado en todo el mundo la experimentación y creación de nuevas formas de puzles, tanto artesanal como industrialmente. Se introdujeron las falsas esquinas y los moldes irregulares,  para que el reto a los aficionados fuera cada vez mayor.

Hoy en día encontramos en el mercado puzles para todos los públicos y en múltiples acabados; personalizados, en 3D, esféricos… Como rompecabezas que son, podemos emparentarlos con otros juegos de astucia, como el antiquísimo Stomachion griego, el  Tangram, los nudos chinos o los más modernos Cubo de Rubik, Pyraminx e incluso el Tetris (basado en pentominós). Hablamos, en cualquier caso, de piezas que entretienen y ejercitan la mente.