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¿Y eso para qué sirve?

Probablemente esa fue la pregunta que más veces tuve que intentar responder durante los cinco años de licenciatura, después de aquello de «¿Y tú qué estudias?».  Una pregunta para la que los interlocutores esperan una respuesta simple y directa, al estilo de «estudio Medicina  para curar a la gente», o «estudio Mecánica  para arreglar coches».

Pero la Filología en particular y las Humanidades en general no permiten una respuesta tan simple (sin obviar que las reducciones que acabo de mencionar son bastante pueriles). Contestar para qué sirven las Humanidades requiere más tiempo del que condiciona la pregunta. Podría decirse que una de las salidas profesionales más habituales de las carreras humanísticas es la docencia. No obstante, en las Humanidades también hay vida más allá de la enseñanza, es posible una aplicación práctica acorde a las necesidades de la Economía de la atención. Y en eso estamos.

Me licencié, como se puede deducir, en Filología —hispánica, para más señas— y me especialicé en la rama literaria. Más tarde cursé un Máster en Análisis gramatical y estilístico del español, además de diversos cursos de corrección profesional, edición, lector profesional, escritura creativa y periodística.  Así que podríamos decir que esa vertiente académica me capacitó para conocer y comprender a fondo el lenguaje como medio de comunicación y de expresión; para escribir correctamente y para valorar y analizar lo que otros dicen y escriben, en definitiva. Tras mi TFM inicié el Doctorado, del que me retiré al cabo de un par de años por falta de tiempo; no obstante, esos dos años me fueron de gran ayuda para profundizar en la creatividad lingüística (morfología léxica, formación de palabras), que suponía el tema fundamental de mi proyecto, y para aprender técnicas de documentación e investigación.

Por otro lado, mi inclinación y devoción por la comunicación supera el ámbito linguïsitico. Me atrae también el discurso artístico,  el lenguaje visual, las posibles interpretaciones de un mismo mensaje. Así que me decidí a cursar un Máster en Gestión cultural, un curso de comisariado, otro de representación de artistas y más tarde uno de comunicación y marketing cultural y artístico. En todo ello, aunque la relación no se aprecie a primera vista, muchas de aquellas materias y asignaturas un tanto difusas de mi carrera han ido tomando forma. Porque la crítica artística no dista tanto de la crítica literaria en la que yo me había formado, y la redacción y presentación de un proyecto cultural requiere de una buena estructuración discursiva, capacidad argumental y descriptiva, y fluidez y pulcritud textual. Así que en ese plano en el que confluyen la literatura, la música, el cine, el teatro… la cultura y el arte en general, me sigo formando constantemente.

Como el mundo actual está dominado por Internet y las redes sociales, llevo un tiempo dedicándome, de manera autodidacta, a aprender cuanto puedo sobre algunas herramientas que han resultado ser muy útiles en mi profesión: me refiero a software especializado y a plataformas como WordPress o Joomla!. Pero también a ciertos conocimientos y aplicaciones sobre creación de contenidos digitales: SEO,  community management, marketing digital, mailing, etc. Es un sector que cambia constantemente, en el que aparecen nuevas herramientas y utilidades casi a diario, y en el que hay que esforzarse mucho para (intentar) mantenerse al día. Pero lo crucial para mí, para mi trabajo, es que, en la tendencia hacia la web semántica, el contenido textual es cada vez más importante. ¿Qué  buscan o analizan los complejísimos logaritmos del todopoderoso buscador? Palabras.

Debo añadir, porque es imprescindible en lo que hago,  que soy una persona creativa y entreno esa cualidad y la capacidad de conceptualizar ideas siempre que puedo, de todas las maneras imaginables. Así que sumando creatividad, formación y curiosidad continua, he tenido la oportunidad de trabajar en prensa, en publicidad, en el mundo editorial y en otros sectores en los que se ha requerido, de un modo u otro, de mis aptitudes textuales.

Y es que, en el fondo, todo es palabra. Pensamos con palabras. Hablamos con palabras. Nos comunicamos, en gran parte, con palabras. E incluso en este mundo y esta época tan visual, intentamos traducir a palabras otros medios de expresión.

Y si todo es palabra, a ver si logramos explicar para qué sirven las Humanidades o, más concretamente, te cuento en qué te puedo ayudar.

filología.

(Del lat. philologĭa, y este del gr. φιλολογία).

1. f. Ciencia que estudia una cultura tal como se manifiesta en su lengua y en su literatura, principalmente a través de los textos escritos.

Me llamo Silvia y soy filóloga, fetichista de la letra, amanuense, bibliófila y coleccionista de palabras. Empeñada en demostrar que las Humanidades son la pieza que te falta.

Me dedico a la lingüística, la identidad verbal, la comunicación y la gestión cultural. Si necesitas  contar algo, habla conmigo: un buen texto siempre encaja. 

 

Encuéntrame en otros proyectos: Aszine y Nominancia