No son pocos los días que empiezo la mañana «corrigiendo» a mi hija —una, que es filóloga a tiempo completo— cuando dice que ya se ha tomado el colacado. Le repito siempre el nombre correcto, aunque no sé si no me presta atención por el atontamiento matutino o sí me escucha, pero le gusta provocarme, […]

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